Como había decidido volver a mi ciudad natal, decidí llamar a Louis.
- ¿Diga? - Supe que Louis no se esperaba mi llamada.
- Louis, soy yo, Alex. - Él ahora estaría sorprendido, ya que cuando hablamos por Facebook, dice que me extraña mucho.
- ¿Cómo es que me llamas? ¿Ocurre algo?
- Sí, me vuelvo a Doncaster, contigo, te echo de menos amigo.
- Oh, vale. Pero tendrás que venir a Londres, ya que yo también me he mudado.
- Perfecto, sabes que siempre me han gustado las grandes ciudades.
- Sí. Si quieres puedes venir a vivir conmigo, solo si no te importa que tenga un compañero de piso.
- Vale. Mañana mismo estoy en el aeropuerto. Venid tu compañero y tu, así le conozco y te veo en cuanto antes.
- Vale, allí estaremos. Dejo que te hagas las maletas. Adiós.
- Besos.
La
llamada finalizó. Mi vida si que había cambiado. Ahora viviría con
Louis, y con su compañero de piso, que seguro que es majísimo. O eso me
dijo Louis cuando hablé con él por Facebook.
Al
día siguiente, al llegar al aeropuerto londinense y coger mis maletas,
decidí buscar a Louis y a mi futuro compañero. El aeropuerto estaba
vacío, apenas había gente, pero, como yo soy muy patosa, resvalé y me
caí al suelo, y sin querer, le hice la zancadilla a un chico que andaba
por ahí.
- Perdón, lo siento. Es que soy muy patosa. Lo siento.
- Oh, no pasa nada, tranquila. - Me ayudó a levantarme. - ¿Tu eres Alex? - Preguntó mientras me comparaba con una foto.
- Sí, ¿nos conocemos?
- No, pero creo que vamos a vivir juntos.
- Entonces, ¿tu eres el compañero de piso de Louis?
- Sí. Él ahora esta hablando con el taxista. - Hizo una breve pausa que a mi se me hizo eterna. - Vamos, ¿te llevo una maleta?
-
Vale, gracias. - Su mano rozó la mía, y para un segundo quise que se
parara el tiempo. Mi corazón empezó a latir, y me sudaban las manos.
Entonces pensé aquel chico me estaba gustando. - Y... ¿cómo te llamas?
-
Zayn, Zayn Malik. - Zayn, bonito nombre, al igual que sus ojos, su
sonrisa, su mirada, su perfecto tupe con una mecha rubia y su brazo
lleno de tatuajes.
- Guau...
- ¿Tan bonito es mi nombre? - Yo estaba empanada mirando su brazo, pero pude entender su pregunta.
- No digo "guau" por tu nombre, si no por tu brazo. ¿Te aburres mucho no? Aunque son preciosos.
- No más que tú.
Un
enorme silencio inundó nuestra conversación. Los dos habíamos sonrojado
y mirábamos hacía el suelo, en dirección a la salida. Solo hubo una
cosa que me devolvió a la realidad.


No hay comentarios:
Publicar un comentario